TÍTULO DE LA OBRA
Niño Jesús

CLASIFICACIÓN
Escuela Andaluza
Siglo XVII

PROCEDENCIA
Donación de D. Lorenzo Merino Pérez

MATERIALES
Madera.

TÉCNICA
Tallado, policromado y estofado.

MEDIDAS
Altura imagen del Niño 64,5 cm.
Peana: 13,5 cm x 24 cm.
Altura total: 78 cm.

DESCRIPCIÓN
Escultura del Niño Jesús o San Juanito, desnudo. El cabello tallado, ensortijado con dos mechones que caen delante de las orejas. Presenta la característica tupé o moña montañesina. La anatomía del cuerpo está dispuesta creando una curvatura consecuencia del contraposto. La pierna izquierda soporta el peso del cuerpo, mientras la derecha está levemente desplazada. Los brazos están abiertos. La mano derecha parece estar señalando, mientras la izquierda parece estar en posición de sujetar un banderín. La peana es de sección octogonal con un primer cuerpo liso en la zona inferior y adorno de rocalla en la superior. Un segundo cuerpo cóncavo con zona superior tallada con decoración vegetal. Sobre esta peana un almohadón cuadrado con borlas y flecos en los cuatro ángulos.
La peana y el almohadón están policromados mediante la técnica del estofado. La carnación del niño es mate y el cabello castaño.

ESTADO DE CONSERVACIÓN
Restaurado por la taller de Restauración Ntra. Sra. de la Almudena (Madrid). Año 2014-15

ESTUDIO
Esta escultura del Niño Jesús está dentro del modelo creado en la Escuela Andaluza a principios del siglo XVII. Sin duda, el punto de partida de esta tipología del Niño Jesús se encuentra en la escultura realizada por Juan Martínez Montañés (1568-1649) para la Archicofradía Sacramental de Sevilla en el año 1607 y que se venera en el Sagrario de la Catedral de Sevilla. Se trata de un niño triunfante sobre una peana con forma de cojín que cada año desfila en la procesión del Corpus Christi de la capital hispalense.

Juan de Mesa (1583-1627), discípulo de Martínez Montañés, también esculpe una imagen del Niño Jesús pero se aleja del clasicismo de su maestro e introduce algunas novedades que se enmarcan dentro de la estética manierista. Los Niños Jesús de Mesa son más expresivos, el canon de las figuras es más alargado aunque conserva la anatomía clásica de raigambre griega, el estatismo de las figuras se rompe con un ligero contraposto que dibuja en el cuerpo una línea sinuosa para romper el estatismo.

Una de las características que hace situar esta obra dentro del círculo de Juan de Mesa es la llamada moña o tupé montañesino. Se trata una peculiaridad de muchas de las esculturas de Juan Martínez Montañés como por ejemplo el San Juan Bautista del Museo de Bellas Artes de Sevilla. Sin embargo, el famoso Niño de la Archicofradía del Sagrario no tiene en su cabello este rasgo. Va a ser Juan de Mesa el que incorpore a sus Niños Jesús esta impronta de su maestro. Esto ha llevado a equívocos en muchas ocasiones a la hora de catalogar las imágenes del Niño Jesús, pues se suele identificar la moña con el maestro y no con el discípulo.

En la talla que estamos analizando hay algunas particularidades que crean dudas en cuanto a la identificación de la iconografía. Es habitual, prácticamente sin excepción, que si se trata de una imagen del Niño Jesús glorioso, su mano derecha este en posición de bendecir. No podemos tener en cuenta al Niño del Sagrario de Sevilla, ya que sus manos fueron modificadas en 1629 por el pintor Pablo Legot (1598-1671) para que pudiera sostener un cáliz. Observamos en la escultura que estamos analizando que las manos no están bendiciendo. Parece más bien que está señalando con su mano derecha, y que la izquierda está preparada para sostener un banderín o un estandarte. Si esto es así, estamos ante una escultura de San Juanito, y no del Niño Jesús. Sin embargo, si es un San Juanito, la peana no corresponde con esta iconografía. La peana del San Juanito es rocosa y suelen tener el Agnus Dei a sus pies, al que señala, siguiendo el relato evangélico (Jn. 1, 29).

Haciendo el peritaje de la escultura, se comprueba que no parece encajar correctamente en la peana, de hecho, la figura aparece girada, es decir, no está realizada para estar en la posición que le corresponde siguiendo la forma de la peana. Esto nos ayuda a corroborar la teoría de que esta escultura sea más bien un San Juanito en una peana de Niño Jesús. Sin embargo, no deja de ser llamativo que tanto la escultura como la peana, siendo posiblemente dos piezas con orígenes distintos, sean de gran calidad.

Es reseñable la belleza del rostro de esta escultura, sobretodo su expresividad. Se separa en este aspecto de las producciones de los dos maestros andaluces que idealizan más los rasgos. El rostro infantil es de gran realismo, con carrillos prominentes y sonrosados, boca pequeña, apretada, y nariz achatada.

Lo que no cabe duda es que se trata de una pieza de gran calidad que se debe situar en el taller de alguno de los grandes maestros escultores del Barroco del siglo XVII.

 

Óscar Uceta García
Museo Catedral de la Almudena (Madrid)

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